La propiedad de una fuente celeste cuyo flujo o brillo observado cambia con el tiempo.La variabilidad en astronomía se refiere al cambio observado en el brillo o flujo de un objeto celeste a lo largo del tiempo. Esto puede abarcar desde pulsaciones periódicas de estrellas, como las variables cefeidas, hasta erupciones erráticas de núcleos galácticos activos, e incluso el sutil parpadeo causado por exoplanetas que transitan frente a su estrella anfitriona. El estudio de la variabilidad es fundamental porque proporciona una visión dinámica del universo, revelando procesos que de otro modo permanecen ocultos en instantáneas estáticas.
La primera estrella variable registrada, Mira, fue identificada en el siglo XVI por David Fabricius. El estudio sistemático de las estrellas variables comenzó en serio en el siglo XIX con la llegada de la fotografía, lo que permitió la detección y clasificación de miles de estos objetos.
Los mecanismos detrás de la variabilidad son diversos. La variabilidad intrínseca surge de cambios dentro de la propia fuente, como pulsaciones estelares, erupciones o la acreción de materia sobre un objeto compacto. La variabilidad extrínseca es causada por factores externos, como el eclipse de una estrella por una compañera o el lente gravitacional de la luz por una masa interpuesta. Al medir la amplitud, el período y la dependencia de la variabilidad con la longitud de onda, los astrónomos pueden inferir propiedades físicas como el tamaño, la masa y la producción de energía de la fuente.
Las estrellas variables, particularmente las cefeidas y las estrellas RR Lyrae, sirven como candelas estándar para medir distancias cósmicas, lo cual es esencial para determinar la escala y la tasa de expansión del universo.
El brillo del Sol varía solo alrededor de un 0.1% durante su ciclo solar de 11 años, lo que lo convierte en una estrella excepcionalmente estable en comparación con muchas de sus contrapartes variables.





