Dos células hijas reciben de la madre la misma cantidad: así se ve la imagen habitual de la división. Pero, ¿y si una de ellas recibe casi todo y la otra, migajas? El modelado estocástico muestra que a veces el reparto desigual es más ventajoso.
Cada célula almacena una reserva protectora que le ayuda a sobrellevar las adversidades. Al dividirse, esa reserva se distribuye entre las hijas. Si el entorno es común para todas las células, una influencia general débil favorece el reparto equitativo. Pero cuando las condiciones generales son fuertes, es más ventajoso darle a una hija alrededor del ochenta por ciento y a la otra, el veinte. La transición hacia esa división desigual ocurre de golpe, como si se accionara un interruptor, y no como un giro gradual de una perilla.
La razón es que el entorno común afecta a todas por igual, pero la herencia desigual reduce la sensibilidad a las fluctuaciones colectivas. Incluso si el mecanismo protector o la memoria de la reserva cambian, la rama desigual persiste, aunque sus límites se desplacen. Así, una regla simple de reparto explica por qué en la naturaleza viva se encuentra asimetría en la herencia.
La división celular asimétrica se observa en las células madre: una hija permanece como célula madre, mientras que la otra se convierte en especializada.