Cuando dos núcleos pesados chocan entre sí a gran velocidad, no se golpean por completo, como bolas de billar. Solo una parte de su materia entra en contacto. Cuántos nucleones (protones y neutrones) participaron realmente en la colisión y cuántos pasaron de largo no se sabe de antemano. De este número dependen todas las mediciones posteriores, pero no se puede ver directamente.
Antes, los eventos se clasificaban según el número de partículas cargadas producidas: muchas partículas significaban una colisión frontal; pocas, una colisión rasante. Pero esa clasificación es tosca. Eventos con el mismo número de partículas pueden tener distinto número de participantes. Es como intentar adivinar el tamaño de una cocina por la cantidad de invitados en una fiesta: a veces en una habitación pequeña hay mucha gente, y en una grande, espacio de sobra.
El nuevo método actúa de otra manera. No asigna a cada evento una clase fija, sino que calcula la probabilidad para cada posible número de participantes y de choques por pares. Para ello se utiliza un modelo conocido de cómo se superponen los núcleos y la estadística de cuántas partículas se producen normalmente para un número dado de participantes. El resultado no es una etiqueta rígida, sino una distribución de probabilidades.
Este enfoque elimina parte de la incertidumbre que antes se ocultaba bajo la "centralidad" del evento. Ahora se puede decir con honestidad: no sabemos el número exacto de participantes, pero sí sabemos cuán probable es cada valor. Es como pasar de una fotografía en blanco y negro a una en escala de grises: los detalles se vuelven visibles, aunque la nitidez no sea perfecta.
En una sola colisión de dos núcleos de oro pueden participar hasta 400 nucleones, y el número de partículas cargadas producidas alcanza varios miles.