Una sola molécula de ADN, atrapada en una diminuta rendija metálica, tiembla y parpadea bajo el láser. Su señal no es una clara línea de letras, sino una mezcla caótica de destellos y sombras. Descifrar ese ruido es como entender un susurro en una sala abarrotada.
La nueva red neuronal actúa como un intérprete atento. De entre miles de espectros, selecciona aquellos donde se ven rastros de nucleótidos individuales, los ladrillos del ADN. Luego los clasifica por tipo, creando una biblioteca de estados de la molécula. Mediante las transiciones entre estados, el algoritmo reconstruye la secuencia probable de la cadena.
Así, el caos de las moléculas individuales se convierte en información cuantitativa. Ya hoy el método distingue 12 estados de segmentos de ADN, y en el futuro permitirá leer cualquier biopolímero sin preparación previa.
Una sola molécula de ADN en la nanocavidad produce decenas de miles de espectros por segundo: la red neuronal logra seleccionar de ellos los más informativos.