En el armario de la química se acumulaban registros de sustancias que nadie consideraba especiales. Resulta que entre ellas se esconden materiales bidimensionales: delgados como una hoja de papel, pero resistentes y con propiedades inesperadas. Los científicos lanzaron una búsqueda computacional en las bases de datos, y esta sacó a la luz 38 candidatos que antes no se reconocían como bidimensionales.
Cinco de esos materiales se lograron recrear en minutos mediante síntesis autopropagante: la mezcla se calienta sola y se convierte en la sustancia deseada, como la leña seca que prende con una sola cerilla. No hace falta calentamiento externo: la reacción avanza sola.
Inspirados por las composiciones halladas, los investigadores crearon otros 11 materiales nuevos con metales de tierras raras, esos que se esconden al final de la tabla periódica. Resultaron ser semiconductores e imanes con caracteres diversos. Ahora la familia de los materiales bidimensionales es más amplia, y la búsqueda de nuevos, más rápida y barata.
Los metales de tierras raras no son tan raros: el tulio es más abundante en la corteza terrestre que la plata, pero es difícil de extraer.