La galaxia Mrk 590 se comporta como un receptor de radio que a veces capta la onda y a veces se pierde en el ruido. Su agujero negro supermasivo ha ido encendiéndose y apagándose durante décadas, y los astrónomos han estado atentos a cada uno de esos "encendidos". En 2017, el receptor volvió a la vida, pero el radiotelescopio VLA no escuchó la señal que esperaban.
Entre 2015 y 2017, el VLA apuntó a Mrk 590 cuatro veces y la escuchó en cuatro frecuencias, como si sintonizara distintas emisoras. El espectro de la señal de radio cambió: al principio parecía una joroba con un pico alrededor de 15.6 GHz, y dos años después crecía abruptamente con la frecuencia. El flujo en las frecuencias altas se duplicó. Esa firma no se parece al despertar del propio agujero negro.
Los astrónomos probaron cuatro modelos de cómo el gas podría absorber las ondas de radio y los compararon con las observaciones. El que mejor encajó fue el modelo en el que la onda de choque ioniza gas con densidad variable. Esto significa que la erupción de radio no nació junto al agujero negro, sino a unos 6 pársecs de él, como el eco de una explosión lejana, no la voz de la explosión misma.
Ahora se entiende por qué el "despertar" óptico y de rayos X de Mrk 590 en 2017 no coincidió con la erupción de radio: son eventos distintos. En algunos núcleos activos, los campos magnéticos cerca del horizonte de eventos cambian; en otros, no. Mrk 590 resultó ser de los segundos. Su receptor de radio no capta al agujero negro en sí, sino las consecuencias del impacto de su chorro contra el gas, y eso cambia el enfoque para futuras observaciones.
La fuente de radio Mrk 590 a 5.75 GHz tiene una débil "cola" hacia el noreste, que coincide en dirección con el chorro visible en muy alta resolución. Si ese componente se mueve a la velocidad de la luz, habría abandonado el núcleo hace unos dos mil años, más o menos en la época del Imperio Romano.