La piel recuerda los roces como un mapa viejo recuerda los caminos: las líneas que recorremos una y otra vez con el dedo se van haciendo más profundas, y las que casi nunca tocamos se borran. En un nuevo estudio, los científicos pidieron a 43 mujeres de dos grupos de edad que se aplicaran crema en la mejilla o en el antebrazo y describieran sus sensaciones con cuarenta palabras. Resultó que, con los años, ese mapa cambia: los detalles del relieve se desdibujan, pero los colores cálidos de la emoción se avivan.
Las participantes jóvenes, de entre 20 y 28 años, distinguían con facilidad la textura, la humedad y el frescor de la crema. Las mayores, de entre 65 y 75 años, percibían peor esos matices, pero sentían con más fuerza el calor y el agrado.
En las personas mayores, las sensaciones sensoriales se debilitan y la carga emocional se vuelve más positiva.
Para ver esa reorganización, los científicos no aplicaron un solo método, sino tres. El análisis factorial clásico identificó grupos de rasgos: textura, humedad, fricción y temperatura, por un lado, y sensualidad, placer, calma y emociones negativas, por el otro. El análisis de redes mostró cómo se relacionan esos rasgos entre sí: en las participantes jóvenes había 41 conexiones de este tipo, y en las mayores, solo 25. En cambio, en las mayores la proporción de conexiones entre las sensaciones sensoriales y las emocionales subió del 5% al 32%. Dicho de otro modo, en las jóvenes el mapa de las sensaciones es detallado pero disperso, y en las mayores es más unitario, aunque menos minucioso.
El agrupamiento en clústeres, es decir, la agrupación de respuestas parecidas, también arrojó panoramas distintos. En las jóvenes se distinguieron clústeres de excitación, emociones positivas, textura con negatividad y humedad. En las mayores, la excitación se fusionó con la humedad, mientras que las emociones positivas y las negativas se separaron.
Antes ya se sabía que la sensibilidad táctil disminuye con la edad y que el agrado que producen los roces puede aumentar. Pero seguía sin estar claro cómo cambia exactamente la relación entre los aspectos sensoriales y emocionales del autocontacto. Ahora se ve: las sensaciones sensoriales se debilitan, las emociones positivas se intensifican y las negativas no cambian. Esto pudo demostrarse gracias a la combinación de tres métodos, que revelaron conexiones no lineales invisibles en un análisis convencional.
Este conocimiento será útil para desarrollar cosméticos y productos de cuidado de la piel para personas mayores. Si una persona mayor distingue peor la textura, pero siente con más fuerza el placer del contacto, el producto debe brindar comodidad emocional, y no solo propiedades sensoriales. El mapa de las sensaciones no desaparece con la edad: se redibuja, con menos detalles pequeños y más luz cálida.
En las personas mayores, tocar la propia piel provoca más emociones positivas que en los jóvenes, aunque distinguen peor la textura y la humedad. Es parecido a como, con la edad, empezamos a valorar no los detalles, sino la impresión general.
En la novela «Neuromante», de William Gibson, las sensaciones táctiles se transmiten mediante una simulación en la que el matiz emocional puede importar más que la precisión física. El estudio muestra que, con la edad, el componente emocional del tacto pasa de verdad a un primer plano, lo que conecta con la idea de que la percepción se forma no solo con datos sensoriales, sino también con el estado interno.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.