Las primeras galaxias enanas se descubrieron a mediados del siglo XX, pero su ubicuidad se hizo evidente gracias a telescopios como el Hubble. La astrónoma Vera Rubin, al estudiar su rotación, encontró evidencia de materia oscura.
Las estrellas en una galaxia enana se mueven más rápido de lo que deberían si solo se considera la masa visible. Esto significa que en su interior hay materia 'oscura' invisible que crea una atracción adicional.
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