La idea surgió a mediados del siglo XX, cuando los científicos quisieron crear inteligencia artificial. Los primeros algoritmos podían jugar juegos y demostrar teoremas.
La computadora recibe muchos datos (por ejemplo, fotos) y respuestas correctas (etiquetas de lo que hay en la foto). Ajusta sus parámetros internos hasta que aprende a adivinar correctamente. Es como afinar una guitarra: giras las clavijas hasta que el sonido es limpio.
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