
Las personas han encontrado piedras extrañas desde hace mucho tiempo, pero durante mucho tiempo no creyeron en su origen celeste. A principios del siglo XIX, una intensa lluvia de meteoritos en Francia y la minuciosa investigación del científico Jean-Baptiste Biot convencieron al mundo científico de que las piedras realmente caían del cielo.
Los meteoritos son fragmentos de asteroides, más raramente de cometas o de otros planetas. Tras colisiones, son expulsados al espacio interplanetario y, millones de años después, pueden cruzar la órbita de la Tierra. Al igual que un río trae piedras de las montañas, las trayectorias cósmicas nos traen a estos viajeros celestes.
No articles yet