
A mediados del siglo XX, los astrónomos supusieron que la materia interestelar se acumula en grumos densos que dan origen a las estrellas. En los años 1970, las observaciones en radio del monóxido de carbono (CO) permitieron detectar directamente por primera vez las gigantescas nubes moleculares en nuestra Galaxia.
La gravedad atrae lentamente la materia de la nube hacia el centro. Si en alguna región se acumula masa suficiente, la atracción gravitatoria supera la presión interna y el grumo comienza a contraerse cada vez más rápido. Finalmente, en su centro la temperatura se vuelve tan alta que se inician las reacciones nucleares: se enciende una estrella.
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