
El primero en catalogar nebulosas fue Charles Messier en el siglo XVIII, tomándolas por cometas. Más tarde William Herschel las dividió en cúmulos estelares y nubes verdaderas. Los espectros fotográficos del siglo XIX revelaron su composición gaseosa, mérito de William Huggins.
El gas en la nebulosa se ioniza por la luz ultravioleta de estrellas jóvenes y calientes. Los electrones, al caer de nuevo a los núcleos, emiten luz de colores estrictamente definidos, una paleta con la que los químicos identifican hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. La presión de radiación hincha la materia, y las ondas de choque de supernovas mezclan las capas como una cuchara en una olla.