
La existencia del polvo cósmico se suponía ya en el siglo XIX, pero se empezó a estudiar seriamente con el desarrollo de la astrofotografía en el siglo XX, cuando en las imágenes se comenzaron a notar manchas oscuras que ocultaban estrellas.
De manera similar a como el polvo en la atmósfera le da al atardecer tonos rojos, el polvo cósmico hace que la luz de las estrellas lejanas sea más roja. Las partículas pequeñas dispersan más la luz azul que la roja, por lo que al observador llega principalmente la parte roja del espectro; este efecto se llama enrojecimiento interestelar.