La primera descripción matemática de una singularidad apareció en la solución de Karl Schwarzschild en 1916. Más tarde, Roger Penrose y Stephen Hawking demostraron que las singularidades surgen inevitablemente en el colapso de estrellas masivas.
Una lámina de goma se curva bajo el peso de una bola: así funciona la gravedad; si la bola se comprime hasta un punto, la lámina se rasga formando un embudo infinitamente puntiagudo. De igual manera, el espacio-tiempo se 'desgarra' en una singularidad, creando curvatura infinita.
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