
La teoría de los estados comprimidos surgió en los años 70, y en 1985 los científicos lograron obtenerlos en el laboratorio haciendo pasar un rayo láser a través de un cristal especial.
Imagina las olas en la superficie del agua. Normalmente las crestas y los valles son ligeramente irregulares: eso es el ruido cuántico. Con un cristal especial se puede redistribuir esa irregularidad: las crestas se vuelven casi perfectamente iguales, pero los valles se agitan de forma más caótica. Como resultado, se logra 'escuchar' una señal muy débil enmascarada por el ruido; así es como LIGO capta las ondas gravitacionales.
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