
En 1916, Albert Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales a partir de la teoría general de la relatividad, pero no se logró detectarlas hasta 2015 con los detectores LIGO.
La masa y la energía curvan el espacio-tiempo, como una bola pesada hunde una cama elástica. Cuando la masa se mueve con aceleración, la curvatura cambia y ese cambio se propaga en todas direcciones como una onda. Al pasar cerca, la onda estira y comprime alternativamente la distancia entre los objetos en una cantidad diminuta: en un tramo de un kilómetro, ese cambio es menor que el tamaño de un núcleo atómico.