Muy por encima de la Tierra vuela un satélite, y dentro de él hay un instrumento del tamaño de un armario pequeño. Atrapa partículas que han viajado durante miles de millones de años a través de la galaxia y finalmente chocan contra el detector. Estas partículas se llaman rayos cósmicos y traen noticias de lejanas explosiones estelares.
El instrumento NUCLEON, a bordo del satélite «Resurs-P», pasó seis meses recogiendo estas «cartas del espacio». Contó cuántos núcleos de hidrógeno, helio, carbono, oxígeno, neón, magnesio, silicio y hierro llegaban, y midió su energía. Antes se pensaba que la energía de las partículas siempre disminuía según una misma regla suave, como una escalera con peldaños iguales. Pero los nuevos datos muestran que en algunos puntos los peldaños se rompen y la escalera se vuelve irregular.
Estas irregularidades no son ruido aleatorio. Se repiten en diferentes núcleos y sugieren que en el espacio actúan aceleradores desconocidos, o que las partículas pierden energía en el camino de una manera que no se había considerado. Por ahora los datos son preliminares, pero ya está claro: la imagen simple de los rayos cósmicos se está resquebrajando.
El satélite sigue escuchando el cosmos. Cada nuevo día trae partículas, y cada una es como una palabra más en una carta que apenas empezamos a leer.
La energía de los rayos cósmicos más rápidos es millones de veces mayor que la de las partículas en el Gran Colisionador de Hadrones.