
La distribución de las energías de las partículas de rayos cósmicos, mostrando cómo varía su flujo con la energía.El espectro de rayos cósmicos describe cómo cambia con la energía el número de partículas de rayos cósmicos—principalmente protones y núcleos atómicos, pero también electrones y positrones—que llegan a la Tierra. Abarca un rango enorme, desde partículas con energías comparables a las producidas en aceleradores de laboratorio hasta partículas de energía ultraalta millones de veces más energéticas que cualquier cosa que los humanos puedan crear. El espectro no es una línea recta simple: muestra una 'rodilla' que se empina alrededor de 10^15 eV, un 'tobillo' que se aplana cerca de 10^18 eV, y un corte abrupto en las energías más altas, cada característica insinuando diferentes fuentes y mecanismos de aceleración.
El espectro de rayos cósmicos fue caracterizado por primera vez en las décadas de 1950 y 1960 mediante experimentos como el conjunto Volcano Ranch, que descubrió el primer evento de energía ultraalta en 1962. Las características de la rodilla y el tobillo fueron identificadas en décadas posteriores por instrumentos como los conjuntos KASCADE y Akeno.
El espectro se mide combinando datos de muchos detectores: satélites y globos para energías bajas, conjuntos terrestres para energías altas, y detectores de fluorescencia que observan el débil resplandor de las cascadas atmosféricas. El flujo disminuye rápidamente con la energía—aproximadamente como una ley de potencias—por lo que el espectro suele representarse con ambos ejes logarítmicos para revelar su estructura. Se cree que la rodilla marca el límite donde los remanentes de supernova ya no pueden confinar y acelerar partículas, mientras que el tobillo y el corte probablemente reflejan la transición a fuentes extragalácticas y la interacción de partículas de energía ultraalta con el fondo cósmico de microondas.
Comprender el espectro ayuda a los astrofísicos a identificar fuentes de rayos cósmicos, como remanentes de supernova y núcleos galácticos activos, y también informa el diseño de blindaje contra la radiación para naves espaciales y aeronaves de gran altitud.
La partícula de rayos cósmicos más energética jamás detectada, la partícula 'Oh-My-God', tenía una energía de aproximadamente 3 × 10^20 eV—comparable a una pelota de béisbol lanzada a 100 km/h, pero transportada por un solo protón.










