Una cuerda tensa entre dos quarks no se rompe al instante, como una goma elástica. Primero vibra, aparecen nodos en ella, y solo después se rompe, si es que se rompe. Esto no es solo una imagen, sino una descripción precisa del proceso que los físicos llaman confinamiento: los quarks están encerrados de forma permanente dentro de los hadrones, y solo se pueden separar rompiendo la cuerda de fuerza que los une. Pero hasta ahora nadie sabía cómo se comporta exactamente esta cuerda en una teoría no abeliana, esa donde las cargas de color interactúan de manera realmente compleja.
Los autores del nuevo trabajo construyeron un modelo de red para una teoría gauge SU(2) en 2+1 dimensiones y siguieron su evolución temporal mediante redes tensoriales, una forma compacta de almacenar el estado cuántico. En lugar de resolver un problema de dimensión infinita, restringieron los campos gauge a los estados de espín más bajos (j = 0, 1/2, 1). Este truco está justificado en el régimen de acoplamiento fuerte, donde la energía de la cuerda es proporcional al cuadrado del espín y al número de eslabones activos. El estado inicial es una cuerda entre dos cargas estáticas. Lo que ocurra después depende de la masa del quark. En resonancia, cuando la energía para eliminar un eslabón es igual a la energía de creación de un par partícula-hueco (m = 3/8 gE), la cuerda se rompe: el operador de Casimir promedio cae, aparecen mesones y pares barión-antibarión, y la entropía de entrelazamiento crece rápidamente. Fuera de la resonancia, la cuerda oscila sin crear partículas, pero debido al término magnético surgen lazos de glueball y auto-intersecciones de la cuerda.
El efecto más inesperado es el bloqueo bariónico. Cuando se añaden bariones al sistema, la cuerda se rompe más lentamente porque tiene menos opciones de decaimiento. Y en representaciones más altas del grupo gauge, la cuerda no se rompe en absoluto, sino que reduce su tensión, pasando del estado j=1 al j=1/2. Es como si una cuerda sobrecargada no se partiera, sino que se combara, perdiendo energía. Antes, estos fenómenos no se podían observar en modelos abelianos, donde las cuerdas se comportan de manera más simple. Aquí, por primera vez, se ha logrado mostrar que la naturaleza no abeliana del grupo gauge cambia la dinámica misma de la ruptura.
Estos resultados no son solo una imagen bonita. Proporcionan pautas concretas para los simuladores cuánticos que ya hoy intentan reproducir el comportamiento de las teorías gauge en dispositivos reales. En el futuro se podrá aumentar el tamaño de la red, prolongar el tiempo de evolución, añadir densidad finita de bariones. Entonces, quizás, se podrá ver cómo se comporta el confinamiento en condiciones aún más realistas. Mientras tanto, la cuerda tensa entre quarks sigue vibrando, y ahora sabemos en qué frecuencias se rompe.
El bloqueo bariónico significa que la presencia de bariones retrasa la ruptura de la cuerda, como si un atasco de partículas impidiera que la cuerda reviente.
La idea de cuerdas de color y su ruptura recuerda al concepto de 'cuerdas' en la ciencia ficción, por ejemplo, en la novela 'El problema de los tres cuerpos' de Liu Cixin, donde las interacciones fundamentales se describen como cuerdas tensas.