Imagina partículas que recuerdan cómo se movieron una alrededor de la otra, como una trenza. Los científicos intercambiaron por primera vez estas partículas en un dispositivo experimental, confirmando sus propiedades inusuales. Este es un paso importante hacia una computadora cuántica protegida contra errores. ¿Podremos pronto trenzar una «trenza cuántica» fiable?
Todo el material, desde las estrellas hasta el ser humano, está compuesto por partículas que en el Modelo Estándar se dividen en dos familias. Pero también hay un tercer tipo, raro: partículas que al intercambiarse no solo cambian, sino que se atan en un nudo, recordando el hecho del entrelazamiento y no el camino.
En el nuevo experimento, construyeron un microcircuito con materiales donde la corriente fluye sin pérdidas y un aislante especial que solo conduce en el borde. En sus extremos lograron crear ceros de Majorana: partículas que son sus propias antipartículas. Los científicos las movieron a lo largo de una trayectoria intrincada y registraron un cambio de energía que coincidía exactamente con la teoría. Así, por primera vez, vieron cómo se aprieta el nudo cuántico.
La idea de un ordenador cuántico fue propuesta por Richard Feynman, y John Preskill señaló la importancia de esta protección. El siguiente paso es trenzar trayectorias en nudos completos. Y un giro inesperado: estas mismas partículas podrían esconderse tras la materia oscura y tienen eco en la teoría de los agujeros negros.
🎯 Las partículas de Majorana pueden ser sus propias antipartículas: al encontrarse dos de ellas se aniquilan, aunque normalmente se necesita un par partícula-antipartícula.