Dos electrones en un tubo estrecho no quieren estar cerca. Ambos tienen carga negativa y se repelen, como dos imanes con polos iguales enfrentados. Si el tubo es muy delgado, no pueden separarse lateralmente; solo les queda alinearse uno detrás del otro. Los físicos llaman a esto localización de Wigner: las partículas ocupan posiciones fijas, como cuentas en un hilo tenso.
Normalmente, este comportamiento se estudia con electrones que flotan sobre la superficie de helio líquido. Allí forman una red regular: un cristal electrónico. Pero ahora el mismo problema se ejecutó en la computadora cuántica IBM Heron 2. Sus seis cúbits representaron un anillo de seis posiciones por el que pueden moverse dos electrones. La computadora exploró las posibles ubicaciones y calculó cuál disposición tiene la energía más baja.
Esto no es solo una demostración bonita. Las computadoras cuánticas prometen manejar sistemas donde los cálculos clásicos se atascan: muchas partículas, interacción fuerte, estados entrelazados. Aquí se tomó un modelo simple y se mostró que el hardware actual ya lo reproduce sin distorsiones graves. El siguiente paso es complicar las cosas: más electrones, otras formas de trampas, condiciones realistas.
Así, las cuentas en un hilo se convierten en una piedra de toque para máquinas que algún día calcularán lo que las computadoras ordinarias no pueden.
El cristal de Wigner fue predicho por Eugene Wigner en 1934, pero no se observó hasta 1979, en la superficie de helio líquido.