Cinco átomos de calcio cargados flotan en una trampa, sostenidos por campos eléctricos. El enfriamiento por láser les quita el exceso de energía y se alinean formando una diminuta pirámide de base cuadrada. Pero esta pirámide no permanece estática: de vez en cuando se voltea, como si alguien la lanzara al aire y la atrapara boca abajo.
La velocidad de los volteos depende de lo fácil que les resulte a los iones superar la barrera de energía. Para cinco iones idénticos, la barrera es baja porque los iones son indistinguibles: cualquiera de ellos puede terminar en el vértice. Pero si se reemplaza el ion superior por un isótopo más pesado de calcio, el panorama cambia. El ion pesado ya no puede intercambiarse tan fácilmente con los ligeros, y la pirámide se voltea con mucha menos frecuencia.
Este mismo efecto se conoce en química: si en una molécula se reemplaza un átomo por un isótopo más pesado, la reacción se ralentiza. Aquí ocurre lo mismo, pero a escala de unos pocos iones atrapados. Esto abre el camino para estudiar movimientos colectivos en sistemas donde la simetría y la distinción entre partículas son importantes.
El volteo de la pirámide de cinco iones recuerda a un paraguas que se da la vuelta con viento fuerte: primero la cúpula se hunde hacia adentro y luego se despliega bruscamente en la dirección opuesta.