Golpea el fondo de una lata de conservas: se hundirá hacia adentro y se quedará así. Vuelve a presionar: se abombará hacia afuera. Esto es bistabilidad: un sistema con dos estados estables, como un interruptor de luz. Un arco elástico es el ejemplo más simple de este tipo de sistema. Puede estar curvado hacia arriba o hacia abajo, y para cambiarlo hay que aplicar una fuerza.
Los científicos tomaron un arco hecho de un material que cambia de forma por sí solo bajo la luz. Aprendieron a controlar cómo chasquea exactamente el arco: en qué dirección, con qué brusquedad y con qué fuerza. El secreto está en que la forma del arco se puede descomponer en ondas simples, como el sonido en notas. Si se cambia la forma de manera que coincida con la primera onda, el arco chasquea hacia arriba o hacia abajo. Si no coincide, el arco pasa suavemente a una nueva forma, sin chasquido.
Este descubrimiento permitirá crear interruptores diminutos para sistemas microelectromecánicos (MEMS), robots y materiales inteligentes. Por ejemplo, se puede hacer un arco que se active con el más mínimo estímulo, o un arco que chasquee solo en una dirección. Todo depende de la forma que se le dé.
El chasquido del arco se parece a cuando se revienta una burbuja de plástico de embalaje: hay que presionar con la fuerza suficiente y pasa bruscamente a un nuevo estado.
En la ciencia ficción, interruptores así podrían ser la base de armaduras adaptativas que cambian de forma al recibir un golpe.