El bit cuántico, o cúbit, se parece a una moneda que gira sobre la mesa y puede ser cara y cruz a la vez. Para que el ordenador entienda qué ha salido, hay que detener la moneda y mirar. Antes, esa parada se hacía con retraso: se tomaban los datos, se llevaban a un ordenador normal para procesarlos y solo entonces se conocía el resultado. Durante ese tiempo, el cúbit podía cambiar de estado y la respuesta se estropeaba.
Los ingenieros han encontrado la manera de mirar la moneda sin detenerla. Han montado una placa pequeña con inteligencia artificial que se coloca justo al lado del dispositivo cuántico. La red neuronal de esa placa está entrenada para reconocer el estado del cúbit casi al instante, como un cajero experto que, por el sonido de la moneda al caer, dice enseguida si es cara o cruz.
Este enfoque permite comprobar los cúbits justo en medio de los cálculos. Es importante para los ordenadores cuánticos que corrigen sus errores sobre la marcha. Ahora los experimentos van más rápido y los resultados son más precisos.
Un ordenador normal tarda en reconocer el estado de un cúbit el mismo tiempo que se necesita para leer una frase corta. La nueva placa lo hace en el tiempo de una respiración.