En el interior de los planetas gigantes, como Júpiter y Saturno, el calor no siempre asciende libremente. Los elementos pesados, más abundantes en unas capas que en otras, impiden que el fluido caliente suba. Se produce entonces una semiconvección: una mezcla en la que el calor y la composición se propagan a distinta velocidad.
Por primera vez, los científicos han calculado este proceso en condiciones cercanas a las reales: dentro de una esfera en rotación, como un planeta. Al principio, el fluido se estratifica por sí solo en escalones de densidad —capas delgadas con fronteras nítidas—. Luego, las capas empiezan a fusionarse. Al final, queda o bien una única capa completamente mezclada, o bien una capa mezclada bajo una capa estable en la parte superior.
Cuando se ejecutaban los cálculos del campo magnético en ese estado, el resultado era un campo muy uniforme y alineado con el eje de rotación, como el de Saturno. La capa superior estable actuaba como un filtro: solo dejaba pasar las líneas de campo más simples y suaves. Esto explica por qué el campo magnético de Saturno es tan tranquilo comparado con el de la Tierra.
El campo magnético de Saturno es casi perfectamente uniforme: su eje coincide con el eje de rotación del planeta. Entre todos los planetas del sistema solar, no hay ningún otro caso así.