La estructura interna y la dinámica de un planeta, incluyendo sus capas y el flujo de calor.El interior planetario se refiere a la estructura en capas de un planeta — desde su corteza y manto hasta su núcleo — y a los procesos físicos y químicos que lo moldean, como el flujo de calor, la convección y la generación de campos magnéticos. Comprender el interior de un planeta es esencial para explicar sus características superficiales, su atmósfera y su evolución a lo largo del tiempo. Por ejemplo, la presencia o ausencia de un campo magnético depende del estado y movimiento del núcleo, mientras que el grosor y la composición del manto influyen en la actividad volcánica y la tectónica de placas.
El estudio moderno de los interiores planetarios comenzó a principios del siglo XX con el descubrimiento del núcleo terrestre por Richard Oldham en 1906 y el desarrollo de la sismología. Más tarde, las misiones espaciales extendieron estos métodos a otros planetas, comenzando con la Luna y Marte en las décadas de 1960 y 1970.
El interior de un planeta se estudia mediante métodos indirectos: ondas sísmicas (en la Tierra), mediciones del campo gravitatorio, observaciones del campo magnético y comparaciones con modelos teóricos del comportamiento de los materiales bajo presión y temperatura extremas. El calor de la desintegración radiactiva y la energía residual de la formación impulsan la convección en el manto y el núcleo. Esta convección puede generar un campo magnético mediante un mecanismo de dinamo, como en el núcleo externo líquido de la Tierra. El equilibrio entre la producción y la pérdida de calor determina cómo se enfría un planeta y si permanece geológicamente activo.
El conocimiento de los interiores planetarios se utiliza para interpretar datos de misiones espaciales, como el módulo de aterrizaje InSight en Marte y la sonda Juno en Júpiter, y para evaluar la habitabilidad de exoplanetas estimando su calor interno y su potencial de campo magnético.
El núcleo interno de la Tierra es una esfera sólida de hierro y níquel del tamaño de la Luna, pero está más caliente que la superficie del Sol — alrededor de 5.400 °C — y crece aproximadamente 1 milímetro por año a medida que el núcleo externo se cristaliza lentamente.











