Los estallidos cortos de rayos gamma — explosiones instantáneas pero potentísimas — nacen de fusiones de estrellas de neutrones (remanentes superdensos de estrellas muertas). A veces, tras la colisión, queda un trompo magnético girando velozmente: un magnetar, cuyo campo es miles de millones de veces más intenso que cualquier cosa que se pueda crear en un laboratorio.
Revisando datos de un satélite de los años 90, los científicos se toparon con la explosión GRB 960616. Duró solo 30 milisegundos, pero su emisión de rayos gamma pulsó 1100 veces por segundo, como el latido febril de un cuerpo cósmico. La firma rítmica se destacó especialmente en la luz gamma más dura, revelando la rotación de un púlsar recién nacido: un faro estelar cuyo haz barre el espacio 1100 veces por segundo.
Cada giro de la estrella se completa en 0,0009 segundos, un instante en el que la luz recorre apenas 270 kilómetros. Este hallazgo es apenas el segundo caso en que un estallido de rayos gamma revela el pulso de un magnetar recién nacido. A la caza de estas señales, los astrónomos podrán medir la rotación de los «trompos» cósmicos más lejanos y veloces.
En esos mismos 30 milisegundos que duró el destello, la Tierra apenas se habría balanceado levemente, mientras que la estrella de neutrones completó 33 giros completos.