Un cristal de una sola capa atómica es como una hoja de papel en la que se puede escribir con electricidad. Este material promete convertirse en la base de microchips diminutos y rápidos. Pero antes de lanzarlo a producción, hay que saber exactamente de qué está hecho. Y aquí resulta que la fórmula habitual no cuadra.
Los investigadores tomaron un óxido de titanio bidimensional, un compuesto que aísla bien la electricidad y podría servir en transistores. Con una sonda atómica fueron arrancando átomos del cristal uno a uno y observando qué átomos eran. Resultó que el material tiene menos oxígeno del que exige la fórmula ideal. Parte de sus lugares en la red cristalina están vacíos, como butacas desocupadas en una sala de cine.
Además, en el material quedaron átomos de litio; en teoría, deberían haberse eliminado por completo durante la síntesis. Pero permanecieron en pequeñas cantidades. Estos átomos "extra" también modifican las propiedades eléctricas. Así que el material real no es esa red perfecta que dibujan los libros de texto, sino una estructura un poco más compleja.
Por lo tanto, para controlar las propiedades de los materiales bidimensionales, no basta con crearlos; también hay que verificar cuidadosamente su composición. Así se podrán ajustar para tareas específicas: mejores aislantes, conductores más rápidos y microchips más pequeños.
La sonda atómica es un instrumento que evapora átomos de la superficie de una muestra mediante un fuerte campo eléctrico y los captura uno a uno. Así se puede conocer la composición del material literalmente pieza por pieza, como si contaras los caramelos de una caja.