Un detective busca al culpable en un archivo de fichas, pero los retratos están mezclados. Normalmente espera a un hombre con barba canosa, pero el delincuente es joven y sin barba. Algo parecido les ocurre a los médicos: a menudo no reconocen el Alzheimer en quienes lo manifiestan de forma inusual, no con pérdida de memoria, sino con problemas de visión o del habla.
El Alzheimer se asocia típicamente con la acumulación de dos proteínas en el cerebro: amiloide y tau. Pero para ver estas proteínas se necesitan procedimientos caros y desagradables: análisis del líquido cefalorraquídeo o un escáner cerebral especial. Por eso, en las clínicas habituales el diagnóstico se hace de otra manera: se realizan pruebas de memoria y atención, y se observa el tamaño del hipocampo, la región cerebral responsable de la memoria. En la mayoría de los pacientes, el hipocampo se reduce, lo que ayuda al médico. Pero en personas con la forma atípica de la enfermedad (atAD), el hipocampo puede permanecer normal, mientras que otras zonas del cerebro se ven afectadas. A estos pacientes a menudo se les diagnostica otra demencia y se les trata incorrectamente.
Investigadores de varios centros científicos decidieron enseñar a un ordenador a distinguir a estos pacientes "no estándar" de otras personas con deterioro cognitivo. Utilizaron datos de 1410 personas: algunas tenían Alzheimer típico, otras atípico, otras otra demencia, y algunas estaban sanas. Los datos se recopilaron de una base privada y dos públicas: NACC y ADNI. Los médicos suelen fijarse solo en el hipocampo, pero los científicos añadieron al análisis muchas otras regiones cerebrales visibles en la resonancia magnética. Resultó que estas imágenes adicionales bastan para que el ordenador sea notablemente más preciso que un médico que se basa únicamente en el hipocampo.
El programa aprendió a reconocer correctamente el Alzheimer atípico en el 69% de los casos, frente al 52% anterior en la base NACC, y en el 77% frente al 34% en la base ADNI. Además, rara vez se equivocaba en el otro sentido: casi nunca etiquetaba como enfermas a personas sanas. Los autores también identificaron qué regiones cerebrales son más importantes para la distinción: las áreas responsables de la visión, el habla y los movimientos complejos. Esto coincide con el hecho de que en estos pacientes lo que falla primero no es la memoria.
Este enfoque podría cambiar la vida de muchas personas. En lugar de meses de visitas médicas con un diagnóstico erróneo, la persona recibirá el tratamiento adecuado antes. Y los médicos dispondrán de una herramienta que les susurra: "mira más de cerca estas zonas del cerebro; quizá no sea la demencia que pensabas".
El hipocampo debe su nombre al caballito de mar: su forma en las imágenes recuerda a este animal.