La luz cuánticamente comprimida permite reducir el ruido por debajo del límite cuántico estándar (el nivel fundamental de fluctuaciones). En un nuevo trabajo, utilizando una guía de ondas y el proceso de amplificación paramétrica, se obtuvieron niveles récord de compresión pulsada brillante: −3,2 dB para luz brillante (suficiente para microscopía no lineal) y −3,6 dB para vacío. Teniendo en cuenta las pérdidas dentro de la guía de ondas, la compresión alcanzó −15,4 dB. Este es el resultado más alto para compresión pulsada brillante, lo que abre el camino hacia la microscopía mejorada cuánticamente sin fotodaño.
Incluso en un rayo láser hay un temblor invisible: el ruido cuántico. Los físicos han aprendido a «comprimirlo», como un globo apretado por la cintura: el ruido se atenúa en una dirección pero se amplifica en otra. Los científicos escondieron el ruido sobrante donde no interfiera con las mediciones precisas de luz.
Roy Glauber predijo este truco, y ahora los físicos han establecido un récord: en una diminuta guía de ondas transparente —un capilar conductor de luz— comprimieron el ruido 35 veces. Este haz atenuado permite iluminar células vivas y el agua que contienen con luz intensa sin sobrecalentar la muestra. El análisis de composición de las células se vuelve nítido, como una señal de radio tras eliminar interferencias.
Esta misma luz comprimida ya ayuda a los detectores LIGO a captar ondas gravitacionales —el temblor del espacio por colisiones de agujeros negros, billones de veces más silencioso que un susurro humano.
🎯 Para lograr esta compresión, hicieron pasar la luz por una guía de ondas del grosor de un cabello humano, pero de varios centímetros de largo.
🎬 La compresión cuántica convierte la luz en un bisturí invisible capaz de cortar sin tocar y dejar solo información pura.