El haz de una linterna en la niebla se dispersa a los pocos metros. Las partículas de luz se separan como una multitud en una plaza. Pero a veces pueden marchar en formación, sin dispersarse ni mezclarse. Esa marcha es la que se ha logrado en un diminuto cristal de perovskita.
El cristal se colocó entre dos espejos. La luz rebota entre ellos, y el cristal desvía ligeramente su trayectoria, como los rieles desvían un tren. Como resultado, el flujo de partículas que los científicos llaman polaritones se alinea en una sola línea. El haz se vuelve veinte veces más estrecho de lo que sería sin el cristal.
Lo más interesante es que el haz se puede controlar. Al cambiar el tamaño del punto de bombeo, los científicos hacen que la luz converja en un punto o diverja en abanico. Sin lentes, espejos ni otra óptica: solo luz, cristal y tamaño del punto.
Es como un grifo de agua: giras la manija y el chorro cambia de forma. Aquí la manija es el haz de bombeo y el chorro es el flujo de partículas cuánticas. Este truco podría sentar las bases de las futuras computadoras ópticas, donde los cables serán rayos de luz y los transistores, pequeños cristales.
El cristal de perovskita utilizado en el experimento es más pequeño que un grano de arena, pero puede mantener un haz de luz en línea recta perfecta a distancias cientos de veces mayores que su propia longitud.