La materia oscura es invisible, pero se puede atrapar en el rebote. El hidrógeno incrustado en una película de carbono actúa como una bola de billar: cuando una partícula de materia oscura lo golpea, el protón sale disparado. Esa salida es la señal que se busca.
Los autores de la idea proponen cubrir el detector con carbono hidrogenado, un material que ya se sabe fabricar en capas finas. Una partícula de materia oscura con una masa de entre 1 y 100 MeV (equivalente a la masa de varios electrones) golpea el núcleo de hidrógeno y arranca el protón casi sin pérdida de energía. Este proceso se denomina cuasielástico: como si una bola de billar apenas se frenara tras el impacto y la segunda saliera disparada hacia delante.
Un detector basado en esta película es sencillo y barato. No requiere temperaturas criogénicas ni electrónica compleja. Además, la salida del protón conserva la dirección del impacto, lo que permite distinguir la señal de materia oscura del ruido aleatorio, como el eco en las montañas ayuda a localizar la fuente del sonido.
El hidrógeno es el elemento más abundante del universo y es ideal para cazar materia oscura porque su núcleo, un protón solitario, es fácil de arrancar incluso con un golpe débil.