La luz atrapada en una cavidad diminuta se asemeja a un péndulo que se empuja cada vez con más fuerza. Al principio oscila suave y predeciblemente, como un reloj corriente. Pero si se balancea lo suficiente, el movimiento se vuelve extraño: el péndulo parece estar en dos puntos extremos a la vez.
Así también los fotones en un resonador no lineal: con una excitación débil se comportan como una onda clásica, y con una fuerte, como una mezcla de dos estados diferentes. Los autores del trabajo hallaron que entre estos extremos hay una zona especial. En ella, incluso cuando parte de la luz se escapa al exterior, las características cuánticas no desaparecen, sino que, al contrario, se mantienen sorprendentemente firmes.
Esto se parece a un funambulista que se equilibra con una pértiga. Un viento ligero (las pérdidas) no lo derriba, sino que le hace ajustar el equilibrio con más precisión. Ese "viento" permite obtener un recurso para la computación cuántica que no teme a las condiciones reales.
Modelos de tipo cuántico aquí no son solo una metáfora: las matemáticas del comportamiento de la luz en el resonador coinciden con los cálculos para sistemas cuánticos complejos. Esto da esperanza de que las computadoras cuánticas basadas en luz puedan funcionar sin un aislamiento perfecto del mundo exterior.
Para observar el comportamiento cuántico de la luz, los físicos enfrían el resonador casi hasta el cero absoluto; de lo contrario, las vibraciones térmicas ahogarían los efectos sutiles.
En la serie "Dark", los estados cuánticos de las partículas permiten viajar en el tiempo; aquí, los estados cuánticos de la luz ayudan a construir máquinas que calculan más rápido que cualquier supercomputadora.