El cristal de wolframato de calcio (CaWO₄) se parece a un instrumento musical: sus átomos vibran como cuerdas, y esas vibraciones pueden "apagar" la frágil información cuántica. Para entender cómo ocurre exactamente, los científicos bombardearon el cristal con neutrones y registraron la respuesta: obtuvieron un mapa de todas las vibraciones posibles, desde las notas bajas hasta las muy altas.
Resulta que en esta "música" hay una zona silenciosa: entre 60 y 80 meV (unidad de energía de vibración) apenas hay vibraciones, pero por encima vuelven a aparecer, hasta 130 meV. Entre todas las vibraciones, encontraron una especialmente relevante: la de energía 9,1 meV. Actúa como una mano que pulsa una cuerda cuando un ion de erbio (un metal de tierras raras que almacena el estado cuántico) entra en el cristal. Es a través de esta vibración que la información cuántica se "fuga" más rápido hacia el calor.
Ahora que conocen la "partitura" exacta de las vibraciones, los ingenieros pueden modificar la composición del cristal o su temperatura para amortiguar la vibración peligrosa. Este cristal con erbio añadido es candidato a memoria para los futuros ordenadores cuánticos, donde los datos se guardan en los estados de iones individuales.
La investigación no solo describe el material, sino que ofrece una receta: cómo ajustar la red cristalina para que la información cuántica viva más tiempo. Es un paso de la idea bonita al dispositivo funcional.
Los neutrones con los que se "iluminó" el cristal no tienen carga eléctrica, por lo que penetran profundamente y detectan precisamente las vibraciones de los átomos, no sus cortezas electrónicas.