Un destello láser golpea un cristal de óxido de cobre y, como ondas en el agua, se propagan ondas de excitación magnética: los magnones. Por primera vez, los científicos han seguido su camino desde el nacimiento hasta la desaparición con una precisión de femtosegundos (millonésimas de milmillonésima de segundo).
Primero, la luz arranca electrones y los espines de los átomos (sus pequeños "imanes" internos) pierden el orden al instante. Nace una nube de magnones con los más diversos impulsos, como si una multitud empezara a hablar a la vez en todos los idiomas. En picosegundos (billonésimas de segundo), esta nube alcanza un orden relativo: los magnones intercambian energía entre sí, pero aún no la ceden a la red cristalina.
Este escenario es una clave universal para el control ultrarápido del magnetismo. Sabiendo exactamente dónde se queda atrapada la energía, se pueden diseñar materiales con el tiempo de respuesta deseado para futuros dispositivos de almacenamiento y procesamiento de información.
Un magnón no es una partícula, sino una oscilación coordinada de muchos espines atómicos, similar a una ola que recorre las gradas de un estadio.
En la novela 'Blindsight' de Peter Watts, los seres extraterrestres utilizan efectos cuánticos para el procesamiento ultrarápido de información, algo parecido a cómo los magnones transportan energía sin mover materia.