El fenómeno por el cual las líneas de flujo magnético quedan atrapadas en un superconductor de tipo II, impidiendo su movimiento.El anclaje de flujo es un fenómeno en los superconductores de tipo II donde las líneas de flujo magnético, que penetran el material en forma de pequeños vórtices, quedan 'ancladas' a defectos o impurezas de la red cristalina. Este anclaje impide que los vórtices se muevan, lo cual es crucial para que el superconductor pueda transportar grandes corrientes eléctricas sin resistencia. Sin el anclaje de flujo, la fuerza de Lorentz de una corriente haría que los vórtices se desplazaran, disipando energía y destruyendo el estado superconductor. El anclaje de flujo es la razón por la que los superconductores de alta temperatura pueden usarse en imanes potentes y otras aplicaciones prácticas.
El concepto de anclaje de flujo se desarrolló en la década de 1960, tras el descubrimiento de los superconductores de tipo II y la comprensión teórica de los vórtices por Alexéi Abrikósov en 1957, quien más tarde ganó el Premio Nobel de Física en 2003.
En un superconductor de tipo II, las líneas de campo magnético penetran el material en unidades cuantizadas llamadas vórtices de flujo, cada uno de los cuales transporta un cuanto de flujo magnético. Estos vórtices son núcleos conductores normales rodeados por bucles de corriente superconductora. Cuando una corriente eléctrica fluye a través del superconductor, ejerce una fuerza de Lorentz sobre los vórtices, empujándolos lateralmente. Si los vórtices se mueven, generan un voltaje y disipan energía. El anclaje de flujo funciona gracias a pequeños defectos —como impurezas, bordes de grano o nanopartículas introducidas artificialmente— que actúan como pozos de potencial para los vórtices. Los vórtices reducen su energía al situarse sobre estos defectos, y se requiere una cierta fuerza para desalojarlos, quedando así 'anclados' en su lugar.
El anclaje de flujo es esencial para el funcionamiento de los imanes superconductores utilizados en máquinas de resonancia magnética, aceleradores de partículas como el LHC y trenes de levitación magnética, donde deben circular corrientes elevadas sin pérdidas.
El anclaje de flujo permite que un superconductor 'levite' sobre un imán en una posición estable, no solo flote: puede quedar fijo en el aire, incluso boca abajo, porque los vórtices anclados actúan como anclas invisibles.



















