Los relojes atómicos comunes hacen tic-tac cuando un electrón salta entre niveles de energía. Pero los campos externos y los golpes pueden alterar ese ritmo. Los iones altamente cargados —átomos a los que se les han arrancado muchos electrones— apenas notan esas perturbaciones: sus electrones están profundos y firmemente sujetos. Por eso son 'péndulos' ultraestables.
Para que estos relojes funcionen, se necesita conocer la frecuencia exacta de la transición. Los autores calcularon la transición 5f_5/2 – 6p_1/2 en el ion Cf17+. Tuvieron en cuenta cómo interactúan los electrones entre sí (correlaciones), incluyendo excitaciones triples, y añadieron correcciones de electrodinámica cuántica: la influencia de partículas virtuales que constantemente se crean y se aniquilan. Resultó que las correlaciones entre el electrón externo y los internos desplazan fuertemente la frecuencia. Sin ellas, el cálculo sería inexacto.
La espectroscopía de iones altamente cargados es como afinar una cuerda: hay que dar con la nota exacta. El cálculo proporciona a los experimentalistas una referencia: en qué frecuencia buscar la transición. Entonces se podrá atrapar el ion en una trampa, enfriarlo y usarlo como un reloj ultrapreciso. Tales relojes servirán para comprobar si las constantes fundamentales cambian con el tiempo y para la navegación en el espacio profundo.
Los iones altamente cargados son tan insensibles a los campos externos que sus transiciones pueden ser más estables que las de los mejores relojes modernos basados en átomos neutros.