La luz del sol cae sobre un tejado y en una fina película nacen electrones. Deben llegar a tiempo a los cables antes de enfriarse y perder energía. En el sulfuro de estaño, un material barato y accesible para baterías, se ha logrado captar esa carrera y ese enfriamiento con una nitidez sin precedentes: las imágenes se suceden cada milmillonésima de milmillonésima de segundo.
El pulso láser arranca electrones como un golpe de taco pone en movimiento las bolas de billar. Justo después del golpe, las bolas ruedan rápido, pero poco a poco frenan al chocar entre ellas y contra los bordes. Los científicos observaron la luz que el material absorbe en el momento de esos choques. Con luz débil — como si hubiera pocas bolas y frenaran sobre todo contra las paredes. Con luz intensa — hay tantas bolas que empiezan a estorbarse y toda la partida se detiene antes.
Pero en esta partida también está el temblor de la mesa. Los átomos del cristal vibran, y su ritmo — 188 femtosegundos por oscilación — se aprecia en cada instantánea. Los electrones no vuelan solos: los empuja el temblor de la red. Comprender este ritmo ayudará a construir paneles solares donde los electrones lleguen a su destino sin malgastar energía por el camino.
Un attosegundo es tan corto que en un segundo caben más attosegundos que segundos han pasado desde el Big Bang.