Una gota de tinta en un vaso de agua se dispersa por sí sola. Pero si la tinta estuviera compuesta de pequeños motores, no solo se dispersaría: se arrastraría, empujaría y se agruparía en bancos. Estas partículas que se mueven por sí mismas se denominan activas. A partir de ellas se pueden ensamblar moléculas, como cuentas en un brazalete. Y lo sorprendente es que el orden de las cuentas en el brazalete cambia todo el comportamiento.
Hay dos tipos de partículas: unas se empujan hacia adelante, otras en otra dirección. Se unieron en cadenas cortas. Si todas las cuentas son iguales, la cadena se mueve como una partícula normal: ora hacia un lado, ora hacia otro, al azar. Pero si las cuentas se alternan, la cadena traza trayectorias que ninguna partícula individual puede repetir. Es como si una persona caminara, pero su pierna derecha siempre quisiera ir a la derecha y la izquierda a la izquierda, y juntas se movieran en espiral.
Este enfoque es como un juego de construcción donde no es necesario cambiar las piezas para obtener un nuevo comportamiento; basta con reordenarlas. Esto abre el camino a la programación de la materia activa: desde robots microscópicos hasta materiales inteligentes que se ensamblan por sí mismos en las estructuras deseadas.
Si pudieras encogerte y pararte junto a una molécula activa así, verías que se mueve a tirones, como un peatón borracho que a veces camina recto y a veces gira bruscamente, todo porque sus "piernas" tiran en direcciones opuestas.