El fieltro se asemeja a una madeja de lana enredada, pero bajo los rayos X se ve que en su interior hay senderos ocultos. Cuando una gota de agua cae sobre este material, no solo se extiende por la superficie: parte del líquido se sumerge hacia el interior, como el agua en un papel secante. Los científicos grabaron por primera vez este proceso con una cámara de rayos X que toma cientos de imágenes por segundo.
El secreto está en las agujas. El fieltro se fabrica perforando una capa de fibras con agujas dentadas. Cada aguja engancha las fibras y las tira hacia abajo, como el gancho de una tejedora. Cuantas más perforaciones, más fibras quedan en posición vertical: se forman "columnas" por las que el agua corre hacia el interior decenas de veces más rápido que a través de un material enredado común.
Antes se pensaba que un fieltro más denso debería dejar pasar peor el agua, ya que tiene menos huecos. Pero la experiencia demostró lo contrario: si las agujas trabajaban más tiempo, la velocidad de absorción aumentaba, aunque el material se volvía más compacto. Todo está en la orientación de las fibras: los canales verticales funcionan como pajitas, no como un laberinto.
Ahora los fabricantes de filtros, aislantes y geotextiles pueden ajustar la "sed" del material simplemente cambiando el número de perforaciones de aguja. Es como regular un grifo: más agujas, absorción más rápida; menos, más lenta.
Las agujas para fieltro se fabrican con púas, como las de un anzuelo, para que enganchen y giren las fibras, no solo las atraviesen.