
Un sólido que contiene poros o huecos que pueden ser penetrados por fluidos o partículas.Un material poroso es un sólido lleno de huecos — poros, grietas o canales — que pueden ser penetrados por fluidos o partículas. Piensa en una esponja, una arenisca o incluso el hueso. La característica definitoria no es solo que tenga agujeros, sino que estos estén lo suficientemente conectados como para permitir el flujo, haciendo que el comportamiento del material sea fundamentalmente diferente al de un bloque sólido. Este campo se sitúa en la intersección de la dinámica de fluidos y la ciencia de materiales, explicando desde el movimiento del agua subterránea hasta cómo funciona tu cafetera.
La ley fundamental fue establecida empíricamente por Henry Darcy en 1856 mientras diseñaba una fuente pública en Dijon, Francia. Su trabajo sobre el flujo de agua a través de lechos de arena sentó las bases de todo el campo.
El flujo a través de medios porosos está gobernado por la geometría de la red de poros: su tamaño, forma y conectividad. El modelo clásico es la ley de Darcy, que establece que la tasa de flujo es proporcional al gradiente de presión y a la permeabilidad del material. Sin embargo, la investigación moderna, como se destaca en el título sobre nuevas ecuaciones que describen el flujo, va más allá de los simples promedios. Tiene en cuenta efectos microscópicos como las fuerzas capilares, las interacciones superficiales e incluso el movimiento discreto y 'a saltos' de las moléculas de agua en poros a nanoescala, donde la suposición de continuo se rompe.
Los materiales porosos son fundamentales en la filtración, la extracción de petróleo y gas, la remediación de aguas subterráneas y el diseño de pilas de combustible y baterías, donde gestionan el transporte de iones y la distribución de fluidos.
El cuerpo humano es un medio poroso: el hueso trabecular de la cadera tiene una porosidad de hasta el 90%, y su arquitectura está optimizada para el flujo de fluidos que nutre las células óseas.








