La luz de la etapa más temprana de la vida del universo viaja hacia nosotros durante miles de millones de años. En su camino pasa junto a enormes cúmulos de galaxias. Su gravedad curva ligeramente esa luz, como el cristal de un escaparate deforma la vista de la calle al otro lado. Cuando los cúmulos crecen, la curvatura se hace más notable. Este efecto se conoce como efecto Rees-Sciama.
Los astrónomos compararon cómo distintos telescopios futuros podrían detectar esa curvatura. El mejor resultó ser el proyecto CMB-HD: verá el efecto incluso con expectativas modestas del instrumento. Los mapas de galaxias también ayudarán, pero en menor medida. En cambio, los mapas de formas distorsionadas de galaxias (lente cósmica) son casi inútiles: el ruido los estropea.
Conclusión: ver la curvatura de la luz causada por cúmulos en crecimiento es factible. Pero pesar los neutrinos de esta manera no será posible en las próximas décadas.
La radiación cósmica de fondo es la luz que comenzó su viaje cuando el universo tenía solo 380 000 años.