Un planeta joven en un disco de gas se parece a un nadador que intenta nadar contra la corriente: la fricción con el gas lo frena y se acerca a la estrella en espiral. Para los planetas rocosos pequeños, esa caída puede llevar menos tiempo del que necesitan para crecer. Pero en el disco también hay corrientes opuestas: vórtices que pueden empujar al planeta hacia afuera.
Los científicos construyeron un modelo computacional del disco alrededor de una estrella joven. Añadieron calentamiento por radiación y enfriamiento, lo que hace que en el disco surjan espontáneamente grandes vórtices. Estos vórtices se mueven por el disco y a veces chocan con el planeta. El planeta es más pesado que el vórtice, por lo que el vórtice, como un bote ligero, lo rodea y le transfiere parte de su movimiento. Ese "empujón" frena la caída del planeta.
Este resultado es importante para entender de dónde vienen las súper-Tierras, planetas más pesados que el nuestro pero más ligeros que Neptuno. Antes se pensaba que no tenían tiempo de crecer porque caían rápidamente a la estrella. Ahora está claro: los vórtices en el disco actúan como "salvavidas" naturales que mantienen a los planetas a una distancia segura.
En el sistema solar no hay súper-Tierras, aunque es el tipo de planeta más común en la galaxia. Quizás a nuestro disco de gas le faltaron vórtices para evitar que esos planetas cayeran al Sol.