
Límite en un disco protoplanetario donde una sustancia volátil se condensa de gas a hielo.La línea de nieve es el límite en un disco protoplanetario — el disco giratorio de gas y polvo alrededor de una estrella joven — donde una sustancia volátil, más comúnmente el agua, transita de gas a hielo sólido. Dentro de la línea de nieve, las temperaturas son lo suficientemente altas como para que el agua permanezca en vapor; fuera de ella, se condensa sobre los granos de polvo. Este límite es crucial para la formación de planetas porque la presencia de hielo aumenta drásticamente el material sólido disponible para construir los núcleos planetarios. La línea de nieve clásica del agua se encuentra típicamente a unas pocas unidades astronómicas (UA) de la estrella, aproximadamente donde se halla el cinturón de asteroides en nuestro sistema solar.
El concepto fue introducido en las décadas de 1970 y 1980 en el contexto de la formación del sistema solar, con trabajos tempranos de astrónomos como A.G.W. Cameron y posteriormente refinado por modelos de evolución de discos. El término 'línea de nieve' se popularizó en la década de 1990.
La posición de la línea de nieve depende del perfil de temperatura del disco, que está determinado por la radiación estelar, el calentamiento por acreción y la opacidad del disco. Cuando la temperatura desciende por debajo del punto de condensación de un volátil (por ejemplo, ~150 K para el agua a presiones típicas del disco), se forma hielo sobre los granos de polvo. Esto aumenta la eficiencia de adherencia de las partículas, acelerando el crecimiento de planetesimales y núcleos planetarios. Diferentes volátiles (CO2, CO, N2) tienen líneas de nieve distintas a diferentes radios, creando una estructura en capas de material helado en el disco.
Las observaciones con ALMA y JWST ahora obtienen imágenes directas de las líneas de nieve en discos protoplanetarios, lo que ayuda a restringir las temperaturas del disco y a predecir dónde se forman los planetas.
Se cree que la línea de nieve del agua en nuestro sistema solar migró hacia afuera con el tiempo a medida que evolucionaba la luminosidad del Sol, lo que podría explicar la distribución de agua en los planetas exteriores.























