La luz de una estrella lejana tarda miles de millones de años en llegarnos, y durante ese tiempo el universo tiene tiempo de expandirse. ¿Cómo comprobar que entendemos correctamente ese viaje? Los astrónomos usan dos 'reglas': las supernovas, que se ven con un brillo conocido, y las rápidas ráfagas de radio: pulsos cortos y potentes de ondas de radio provenientes de otras galaxias. Si ambas reglas muestran la misma distancia, entonces la geometría del cosmos funciona como un reloj.
En este trabajo, los científicos tomaron datos de supernovas del catálogo Pantheon+ y los compararon con distancias calculadas a partir de ráfagas de radio usando redes neuronales. La red neuronal ayudó a reconstruir cómo las ondas de radio se 'retrasan' en su camino debido a la materia interpuesta, y a convertir eso en distancias. El resultado principal: no se encontraron desviaciones de la relación esperada entre brillo y tamaño del objeto. El cosmos es honesto.
Además, se pudo estimar cuánta materia hay justo cerca de las fuentes de las ráfagas de radio, en sus galaxias de origen. Este número es importante para futuras investigaciones cosmológicas. Por ahora la precisión no es alta, pero el método promete convertirse en una herramienta poderosa cuando se acumulen más datos.
Una ráfaga rápida de radio puede ser más brillante que una galaxia entera, aunque dure menos que un parpadeo.
En la novela 'Contacto' de Carl Sagan, la señal extraterrestre también llega como una serie de pulsos de radio cortos, algo parecido a las ráfagas rápidas de radio reales.