Una llamarada solar se parece a un cortocircuito en un letrero de neón gigante. Dentro del Sol, los campos magnéticos se retuercen formando espiras, como bandas de goma, y cuando se reconectan, la energía se derrama hacia el espacio. Parte de esa energía se convierte en rayos X duros, producidos por partículas aceleradas casi a la velocidad de la luz. Otra parte calienta el plasma en la espira, que brilla en rayos X blandos. El pico de la emisión blanda se retrasa: primero las partículas chocan contra la base de la espira, y solo después el gas evaporado la llena y se enfría.
Los astrónomos comprobaron esta mecánica en 96 llamaradas de clases C, M y X que ocurrieron entre 2013 y 2015. Para cada llamarada, midieron la longitud de la espira a partir de imágenes ultravioleta de sus bases y la compararon con el retraso entre los picos de rayos X. El resultado fue claro: en las espiras más cortas, el retraso era de menos de un minuto; en las más largas, de más de diez minutos. Todos los puntos se alinearon en una recta, como cuentas en un hilo: coeficiente de correlación de 0,88.
No es solo una bonita regularidad. Explica por qué las llamaradas solares son tan diferentes en duración. La espira magnética marca el ritmo de todo el evento: una espira corta estalla y se apaga rápido, como un petardo; una larga se prolonga, como una mecha que arde lentamente. Y cuanto mejor sepan los científicos predecir el comportamiento de las llamaradas, más protegidos estarán los satélites y las redes eléctricas de las tormentas solares.
Las espiras más largas durante las llamaradas intensas pueden extenderse cientos de miles de kilómetros, más que la distancia de la Tierra a la Luna.
En la serie 'The Expanse', las llamaradas solares amenazan naves y colonias, y su potencia depende del tamaño de las estructuras magnéticas de la estrella, tal como se describe en este trabajo.