Alrededor de estrellas jóvenes giran nubes planas de gas y polvo: el material de construcción de futuros planetas. La luz de la estrella se refleja en estas nubes, y los astrónomos las ven como discos tenues. Pero a veces en estos discos aparecen manchas brillantes o bandas oscuras. Las nuevas observaciones con el telescopio Subaru han mostrado que estos patrones pueden cambiar en cuestión de meses.
Los científicos examinaron nueve estrellas similares a nuestro Sol, pero más jóvenes. En tres de ellas — MWC 480, HD 163296 y HD 143006 — lograron distinguir los discos gracias a una nueva técnica que filtra la luz directa de la estrella. En las dos primeras, el brillo del disco cambiaba. En un caso, una banda oscura se desplazó en un año; en el otro, una mancha brillante recorrió el anillo en quince meses.
Esto significa que las manchas no viajan junto con el gas. Más bien, la estrella ilumina el disco de manera desigual: como una linterna que barre la pared con su haz. La sombra o el destello corre por el disco, mientras el disco permanece en su lugar. Eso sí, todavía no se puede decir con certeza qué produce exactamente este juego de luces.
Otras seis estrellas de la muestra no mostraron discos en absoluto. Probablemente sus discos están inclinados de tal manera que se esconden en su propia sombra. Pero los astrónomos midieron la huella de luz total de estos sistemas ocultos. Cada una de estas mediciones es un paso hacia la comprensión de cómo se forman los planetas a partir del polvo.
Los discos alrededor de estrellas jóvenes son tan tenues que su luz es millones de veces más débil que la de la propia estrella. Para verlos, los telescopios usan máscaras especiales que ocultan la estrella, como la palma de la mano tapa el sol.
En la novela «Solaris» de Stanisław Lem, el océano del planeta se comporta de manera ilógica, pero las observaciones de su superficie recuerdan los intentos de los científicos por descifrar la naturaleza de las manchas cambiantes en los discos protoplanetarios.