Desde el centro de una galaxia, donde se esconde un agujero negro, salen disparados en ambas direcciones estrechos chorros de gas incandescente: los jets. Brillan a distancias enormes, a veces más largas que la propia galaxia. Cómo exactamente el agujero negro lanza estos chorros no está del todo claro, pero hay una idea elegante: la rotación del agujero negro retuerce los campos magnéticos y estos, como un muelle, expulsan materia hacia fuera. Esto se conoce como mecanismo de Blandford–Znajek.
Los autores del nuevo trabajo han construido un modelo matemático simplificado de ese chorro. Consideraron un agujero negro que rota lentamente y un disco delgado de plasma a su alrededor. Resulta que el chorro tiene forma de parábola, como el agua de una manguera que se expande, pero no demasiado rápido. La gran sorpresa: los parámetros del chorro casi no dependen de cómo esté hecho el disco. Cambiaban la disposición de las corrientes en el disco y el chorro seguía siendo casi el mismo. Esto es un indicio de universalidad: quizás todos los agujeros negros de rotación lenta lanzan chorros de la misma manera, sin importar los detalles de su entorno.
Este modelo es un paso para entender cómo los agujeros negros devuelven energía al espacio. Porque los chorros transportan materia y campos magnéticos por las galaxias, influyendo en el nacimiento de nuevas estrellas. Si el mecanismo es realmente universal, podremos predecir el comportamiento de galaxias activas lejanas sin entrar en los detalles de su estructura interna.
La velocidad de las partículas en los chorros puede alcanzar el 99,9% de la velocidad de la luz: en un segundo, una partícula así recorre casi 300 000 kilómetros.
En la película 'Interstellar', el agujero negro Gargantúa se muestra con un disco de acreción, pero los chorros no se ven; y sin embargo, podrían ser el espectáculo más brillante.