El hidrógeno es un combustible limpio: al quemarse solo produce agua. Pero para extraerlo del agua hay que romper el fuerte enlace entre el hidrógeno y el oxígeno. Normalmente se utiliza platino, un metal caro. El disulfuro de molibdeno (MoS2), un mineral barato parecido al grafito, puede sustituir al platino si se prepara adecuadamente.
Los investigadores depositaron MoS2 en películas finas sobre tres sustratos diferentes: óxido de aluminio (Al2O3), carburo de silicio (SiC) y titanato de estroncio (STO). Luego midieron lo bien que las películas descomponían el agua. Resultó que sobre el óxido de aluminio la película se congela en una forma rara pero muy activa (la llamada fase 1T), que transfiere mejor la carga eléctrica y tiene una mayor superficie de trabajo. Por eso, el hidrógeno se libera más rápido en ella.
Este resultado demuestra que eligiendo el sustrato se puede controlar la estructura del catalizador y hacerlo más eficiente sin añadir metales caros. En el futuro, estas películas podrían abaratar la producción de hidrógeno para una energía limpia.
El disulfuro de molibdeno es el mismo material del que se hace el lubricante seco para cadenas de bicicleta. Y ahora podría ayudar a obtener el combustible del futuro.
En la novela de Julio Verne 'La isla misteriosa', los protagonistas sueñan con que algún día el agua se use como combustible. El disulfuro de molibdeno es un paso hacia ese sueño.