Mil violinistas tocan una sola nota. Cada uno solo oye a su vecino, pero en la sala nace un único sonido. Algo parecido ocurre en el mundo cuántico: nubes de miles de átomos pueden quedar unidas por un hilo invisible, el entrelazamiento. Es decir, si se toca un átomo, otro responde al instante, aunque esté lejos.
Antes, ese tipo de vínculo solo se lograba entre átomos individuales, como si la orquesta tocara con un único violín. Ahora los científicos han demostrado que se pueden enlazar de golpe nubes enormes, de hasta un millón de átomos cada una. Para lograrlo, las nubes vecinas interactúan y después las intermedias se miden de una manera especial. Es como un director que agita la batuta y toda la orquesta toca coordinada, aunque los músicos no lo vean.
Antes no estaba claro si ese vínculo resistiría un millón de átomos y el ruido. Ahora se ve que sí resiste. Esto importa a quienes construyen la internet cuántica, una red donde la información viaja mediante entrelazamiento. Pero cómo aplicar exactamente un vínculo tan potente todavía no está claro. La música suena y las notas aún no están escritas.
La curva de entrelazamiento recuerda a una «escalera del diablo»: las caídas aparecen justo en los momentos en que el tiempo de interacción es una fracción racional de π. A medida que crece el número de átomos, esas caídas se vuelven cada vez más densas, como los dientes de un peine con paso 1/N.